Un cambio positivo se viene consolidando en los sistemas de protección a la niñez: cada vez menos niños son derivados a hogares de acogida y un mayor número logra reintegrarse con sus familias de origen o extendidas.
Autoridades y especialistas explican que este avance responde al fortalecimiento de programas de acompañamiento familiar, evaluación psicosocial y seguimiento continuo, que priorizan el derecho de niñas, niños y adolescentes a crecer en un entorno familiar seguro.
En ese marco, se ha reforzado el trabajo de los equipos interdisciplinarios, que intervienen para resolver situaciones de vulnerabilidad sin recurrir de forma inmediata a la institucionalización. La meta es evitar la separación innecesaria y, cuando ocurre, que sea por el menor tiempo posible.
Asimismo, se han impulsado procesos de reunificación familiar, brindando apoyo a padres o tutores mediante asistencia psicológica, orientación y, en algunos casos, ayuda económica o social para mejorar las condiciones del hogar.
Expertos coinciden en que la permanencia en un entorno familiar favorece el desarrollo emocional y social de los niños, siempre que existan condiciones adecuadas de protección.
No obstante, advierten que aún existen desafíos, como garantizar un seguimiento efectivo en todos los casos y fortalecer las políticas públicas que permitan prevenir situaciones de riesgo desde etapas tempranas.
















